LA SOBREVALORACIÓN DEL PRIMATE-INDIVIDUO



Algo críptico, lo reconozco.
Me resulta más difícil cada día mantener este blog. No porque no se me ocurran cosas para escribir, sino porque una vez que se me ocurren no veo qué sentido tiene escribirlas, si me trae -al menos hoy- sin cuidado quién las lea y no me sirve exactamente como "terapia" (ay, qué risa de término) el hacerlo. Los blogs, siempre lo he dicho, aparte de los cybersantuarios de la presuntuosidad disfrazada de mayor o menor talento, son los altares de la falsa intimidad. Para evitar poner la verdadera intimidad encima de la mesa uno se puede poner en plan intimista -que no íntimo- y darle al teclado y parecer que es tierno y sencillo y profundo. Faaalsa, qué buena actriz. O bien uno se puede poner, como yo en posts anteriores, cosmogónico y hablar de los avances de la Plutonomía y del Apocalipsis. Ambas opciones -la intimista o la de salir por peteneras con grandilocuencias- son justo las cosas que nadie quiere o debería ponerse a leer. Pero la tercera opción -decir toda la verdad y nada más que la verdad con todas sus capas- es completamente inviable, excepto para algúno que otro. Y ni aún así.
Qué cuento en el blog, ¿mis dolores en un pie, los deseos ocultos que como primate me dirigen la vida en esta pantalla de videojuego que llamamos vida, las pequeñas frustraciones? ¿O que cada día que pasa me siento más alienígena en mi mundo? ¿La fobia que le estoy cogiendo año tras año al intelectualismo, al sectarismo, al intimismo, a esa serie de gilipolleces que medio mundo llama ahora “arte”, a la asertividad invertida, al falso solidarismo (sí, digo lo que quiero decir: solidarismo, no solidaridad…? ¿Pero cómo voy a escribir sobre todo eso ni no me importa ni a mí? ¿Me pongo a hacer públicas mis elucubraciones sobre la cantidad de gente que ha pasado por mi vida, con la que he compartido años y de todo lo compartible y lo incompartible, y que en este momento, no sólo no me importan un pimiento -obviando que un pimiento me importa bastante, especialmente si es rojo, gallego y crudo-, sino que espero no verlos demasiado más, o mejor jamás? ¿Escribo sobre el miedo que le cojo a la vida social en la misma medida que me da cada vez más igual y mi primate se enfada porque se encuentra excluido de la manada y nadie le saca los piojos, que no los pijos?  ¿La brutal ausencia de vocación dentro de este sistema individual que denomino “yo” lleno de potencialidades? ¿O escribo sobre el cansancio? No el cansancio del ego que no consigue las cosas que quiere, sino del sistema overused, overpetted, y overhastalapoying de la plaga de estupidez y la ambición. ¿Que De-Phazz acaban de sacar un disco que es una auténtica braga, en el sentido peyorativo de la palabra? ¿Qué últimamente me cansa profundamente lo gay? Quiero decir como cultura, como estamento, como industria, como obligación…
Pero si es que todo eso da igual. Además, todo eso no hace más que destruir, o deconstruir, según la cocina moderna, la de pasar hambre entre sublimes sabores. Y yo, vocación de Kali, no tengo. Conscientemente.
Cada día que pasa, por momentos, la única cosa que está empezando a importarME es la simple y desnuda ausencia de conflicto. O de ausencia de miedo, que es lo mismo. El primate “yo” está super cabreado conmigo, no entiende nada. Él quiere cosas, resoluciones, satisfacciones, orgasmos a todos los niveles… y sin embargo… cada vez el sistema-cuerpo se pone menos a trabajar para conseguirlos.
Y fuera nadie entiende nada, al exterior la usencia de ambiciones evidentes y manejables le huele mal, es animal, menos mal. Y tampoco me importa. Ahora sólo vivo de momentos. Me pretenden meter en dinámicas, pero se me están empezando a caer y no reacciono, oiga. Qué mal le sienta a la gente cuando no reaccionas. Guardaos, en verdad os digo, todos los chantajistas emocionales, jesuíticos y fariseos, porque soy vuestro verdugo puesto que yo soy todos vosotros juntos, y más. A mi lado no sobreviviréis. Al poner un pie en mis casas, os despellejaré hasta que no quede ni un centímetro de personaje con el que pretendíais venderos. Y me querréis criticar, clasificar, repudiar y odiar, y cuando queráis expresarlo a los cuatro vientos lo tendréis que hacer hacia vuestros pares porque yo ya no estaré a vuestro lado para darlos el placer del vómito, me habré ido antes. Nadie os pidió que os acercarais. ¡Fus... fus...! 

Si hay una cosa que se multiplica en mi vida hoy en día, son la cantidad de sitios, físicos o no, a donde me puedo retirar sin ser visto.
Ciao…
Ah, sí y la canción en realidad es lo que hay dentro de mí. Lo que escribo en el blog son sólo las cáscaras.

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